Oda a la Perla Nocturna

 


Oh, Luna, perla suspendida en la noche,

Tu luz de plata, tesoro esquivo y fiel,

Que baña mi ventana, mi humilde coche,

Te agradezco este don, que, sin pedirlo entregas,

Regalo etéreo sobre mi piel.

 

Dicen que buscas, en la sombra terrena,

Un eco mudo, un ancla en mi mirar.

¿Será que mi quietud tu viaje almena?

Y así cruzamos, en la noche serena,

Miradas cómplices, sin nunca hablar.

 

Inalcanzable astro, faro de mi anhelo,

Mi sueño audaz de rozar tu faz helada.

Aunque la inmensidad me clava al suelo,

Y un abismo nos teje su desvelo,

Conservo la esperanza, en ti anclada.

 

Nuestra amistad es la distancia y el silencio,

Un pacto tácito en polvo estelar.

El enigma que fluye, el mutuo lienzo

Donde contrastes vienen, y yo venzo

La soledad, al verte allá brillar.

 

Tú, plenitud nocturna; yo, apenas sombra.

Tú, ciclo eterno; yo, instante fugaz.

Mas en la diferencia que nos nombra,

Y en el respeto que mi alma te alfombra,

Hay un espejo, un puente singular de paz.


Y queda el velo, entre lo real y el sueño,

De si algún día mi vuelo te ha de hallar.

O si seremos, cada cual su dueño,

Libres y unidos en secreto empeño,

Guardianes ambos de nuestro dispar brillar.

Tú allá en lo alto, yo aquí en mi lugar.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Voy a detenerme solo un segundo