Después de unas cuantas melodiosas sonrisas y explosivas miradas



Le dije:
—Soy el caballero de la Blanca Luna y he venido por vos.

Se escuchó su evasivo silencio,
Era hiriente como espadas afiladas cortando el aire.
Luego dijo:
—¡Oh, caballero de la Blanca Luna, ¡cuánto le esperé!
Le soñé tantas veces que las estrellas de mi cielo ya no sólo en las noches brillaban.

Le tomé la mano izquierda
Y caminamos juntos por el camino que le construí,
Lleno de rosas y exóticas aves.

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